
No tengo espinas, ni tampoco veneno, no siento que pertenezca a ese lado oscuro en que se divide el mundo, pero una vara filosa me empuja por la espalda, diciéndome ¡¡Hazlo!!. Cuando mi lengua se mueve, no pienso, no paro, solo actuó y cuando me doy cuenta veo mis manos tiesas y húmedas.
He tratado de comprender porque solo a un ser, porque a esa vida, tal vez yo sea su karma, tal vez yo este destinada a hacer justicia.
Tenía el descaro de usar caretas, se paseaba frente de mí como una tela roja bailando frente a un toro, se decía llamar Doña Virginia ¿o era Doña Virginidad?, no lo recuerdo, mi cerebro la elimino como algo podrido q apestaba en un calor húmedo.
No quería reventarle los sesos, solo hacerle un poquito de daño, mis manos pensaban por mí, mis uñas querían sentir esa carne jugosa dentro de ellas, mis ojos necesitan ver un rojo más profundo del que ya estaba salpicado.
Era su culpa y solo su culpa, por hacerme sentir desprotegida, ya no quería verla más, su cara me repugnaba. Esa iba a ser la última vez que la escupiría en la cara, maldita. Nunca más saldría descalza de su casa.

